Está situada en el valle de Araviana, donde la cartografía militar señala “Los corrales del Santo”. Aquí existió un pequeño poblado llamado Culdegallinas, cuyo nombre figura históricamente en el siglo XIII.
En la parte trasera existieron pequeños hornos de fundición de hierro, probablemente medievales, en los que se ven todavía algunas escorias.
Asimismo, debió de pasar por aquí una acequia que llevaba agua al molino de Almagre de Ólvega, haciendo el trasvase de una cuenca a otra.
La gente mayor de Ólvega evoca con nostalgia aquellas festivas romerías a San Bartolomé y las Letanías Mayores del martes anterior a la Ascensión del Señor, de impetración de bendiciones para los campos.
 En la actualidad, se celebra la romería el domingo de la Santísima Trinidad.
Esta humilde iglesia es de construcción pobre y predomina la mampostería. Carece en la actualidad de techumbre en lo que es la nave y tan sólo tiene cubierto el ábside. La sobria portada de la entrada -anterior a la nave y adosada a ella- pertenece al románico rural y es del siglo XII. Su arquivolta lo forman tres austeros arcos concéntricos de medio punto y sus jambas son lisas, sin columnas. Precisamente su valor principal está en su primitivismo.
En el ábside encontramos otro estilo. La forma apuntada de su bóveda nos habla ya del paso al gótico del siglo XIII. Sujeta esa bóveda un gran arco perpiaño apuntado sobre pilastras. La cabecera es plana, con un retablito moderno y la imagen del santo titular, San Bartolomé, es también moderna. La familia Escribano Calvo es la que tradicionalmente cuida la ermita. El encargado de la llave es José Escribano Calvo.

 


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