Arquitectura

 Por su historia y arquitectura resulta interesante esta ermita de tipo rural, a pesar de que en sus materiales predomina la mampostería. Tiene la particularidad de ser el último templo románico levantado en la provincia de Soria, cuando ya el gusto por el recién estrenado gótico dominaba en todas partes. Esta ermita es el adiós al románico soriano. Presenta, además, una segunda particularidad en el trazado de su pequeña fábrica en forma o planta de cruz latina, al gusto catalán más que al autóctono soriano.
 La tercera particularidad es que las bóvedas apuntadas de las dos capillitas del crucero no son transversales o perpendiculares al eje de la nave ermita, como es lo común, sino paralelas a su eje mayor. En el exterior presenta un alero de piedra tallado en forma de caveto recto sobre canecillos lisos.
 En el interior su única nave está cubierta con bóveda de cañón apuntado, dividida en cinco compartimentos y apoyada sobre arcos fajones y pilastras prismáticas. Una pronunciada imposta recorre los muros de la nave, que se abocinan interiormente hacia el presbiterio, y acaba en ábside semicircular, con un postizo y añadido camarín poligonal para la Virgen, con luz cenital.

Historia
 Un pergamino enrollado en un canuto de cobre que fue encontrado en la ermita en 1657 atestigua lo siguiente:
“Dedicata fuit haec Ecclesia et hoc altare in honorem B. Mariae a Dno. Fortunio Epo. Tirasonensi, idibus martii,anno ab incarnatione Dni. MCCLXX, sabato. (se consagró y dedicó esta iglesia y este altar en honor de la Bienaventurada María por Don Fortún, obispo de Tarazona, el día 15 de marzo del año 1270 de la encarnación del Señor, sábado)”.
 Ese documente habla de la consagración de la ermita en 1270. Pero ello no quiere decir que se acabara de entonces. Más bien, hay que suponer, por su estilo arquitectónico, que en esa fecha llevara varios lustros construida. Estimamos que sería levantada entre 1240 y 1250, ya que no cabe admitir un templo románico en la segunda mitad del siglo XIII.
 En otros tiempos debió existir aquí un priorato con iglesia y una residencia de la santería en medio de un pequeño “coto redondo”, denominado de las Siete Semanas, “cuya jurisdicción pertenecía al real Monasterio de monjes bernardos de la villa de Fitero, del reino de Navarra” (Catastro Ensenada).
 La presencia continua de Monjes Blancos debió de prolongarse hasta 1750. Después, los religiosos arrendaron la pequeña hacienda a un santero que residía en la santería. Pero, con las leyes de la desamortización eclesiástica vendría la disolución del monasterio cisterciense de Fitero (1835) y le pérdida del priorato y “coto redondo”. La ermita y la santería pasaron a la parroquia y la 40 yugadas de tierra de labor del coto redondo a manos de particulares.

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