Partimos desde la ermita de la Soledad en dirección hacia el Hacho, por el camino de la Arboleda del Río. El itinerario es fácil de seguir dejamos senderos a derecha e izquierda pero nos desviaremos. Pasamos por las estribaciones del Monte a la cecina localidad de Cueva de Ágreda. Vamos subiendo en altura, podemos apreciar una bonita vista del Moncayo frente a nosotros y a nuestra espalda la Villa de Ólvega. En la distancia, a nuestra derecha, divisamos la ermita de San Bartolomé, antiguo poblado de Cueldegallinas, donde existen restos de pequeños hornos de fundición de hierro en los que todavía se ven algunas escorias.
Abandonamos el camino y campo a través nos encaminamos a este lugar de tradicional devoción, Tras hacer un alto en la ermita, de portada románica del S. XII, sobria y sencilla, puedes acercarte a la Hoya de la Revilla, donde se cuenta tuvo lugar la batalla en la que murieron los Siete Infantes de Lara.
Hemos de cruzar ahora a nuestra izquierda para atravesar el cauce del Río Araviana e hincar el ascenso al monte Toranzo. Existe un cortafuegos por el que primeramente accederemos siguiendo después una senda, hasta la cima. Hemos alcanzado una altitud de 1.620 m. y desde aquí podemos contemplar la Sierra del Madero, las Muelas de Beratón, y por supuesto, el Moncayo.
Descendemos ahora para pasear entre las peñas de Toranzo, enorme rocas en las que se han formado galerías, a través de las cuales parece que traspasamos la montaña.
Existen diferentes maneras de regresar al valle de Araviana, pero la más sencilla es la de volver hasta el vértice geodésico y descender por el camino forestal que desemboca en la carretera de Borobia.
Caminamos unos metros por el arcén de la carretera hasta casi llegar al cruce con la Carretera C-101, veremos una desviación a nuestra derecha que nos lleva hasta la ermita de Los Remedios.
Podemos regresar andando de nuevo o pedir a alguien que nos venga a recoger.
La Sierra olvegueña ofrece al senderista otras rutas y caminos con tanto o mayor encanto que las que hemos descrito y si además, tenemos la fortuna de pasear por estos senderos cuando la nieve los cubre con su blanco manto, el placer se convertirá en deleite.